Grimorio de Dissaor

Santificada sea tu Monstruosidad

Capítulo Tercero

El comandante estaba acostumbrado a contemplar las peores matanzas, algunas incluso provocadas por él. No había nada que la causara horror o asco. Pero en esa ocasión, al entrar al rastro, no pudo vitar sentir un vuelco en su corazón. Los judiciales que lo acompañaban, a pesar de que ya habían visto la escena minutos antes, no pudieron disimular gestos de repulsión.
-¿Qué chingados…? – Murmuro en comandante, desenfundando instintivamente le revolver.

El área de matanza era enorme, aunque básicamente tenía los mismos sistemas de tanques, cadenas y poleas de otros. A las reses y a los cerdos los golpeaban o picaban para aturdirlos y desangrarlos, luego les encajaba los ganchos bajo la mandíbula, los levantaban con las cadenas y poleas, y los sumergían, aun vivos en los tanques de agua hirviendo y peladores mecánicas. Solo que en aquella ocasión no había ninguna animal, sino seres humanos. Yacían suspendidos en lo alto, con los ganchos encajados en el cuello, la entrepierna, el abdomen. Intestinos, estómagos y pulmones se balanceaban suavemente como frutos de arboles ensangrentados, e hilillos de sangre caían al piso, donde había cuajarones por todas partes. Las luces fluorescentes daban a aquella masacre una espantosa claridad, de manera que podían apreciarse hasta los mínimos detalles.

El comandante piso algo viscosos y retiro de inmediato el pie. Se trataba de cuero cabelludo y una mano con una herida profunda como de disección que dejaba al descubierto los tendones. Pero no solo había eso en el piso, sino cabezas, pies, brazos e intestinos, esparcidos por todas partes. Sangre y hasta materia fecal se extendía de las viseras. Uno de los judiciales no pudo aguantar más y vomito.
-¡Lárgate puto! – protesto le comandante- ¡Solo eso me faltaba! ¡Una pinche Barbie!
-Perdón mi comandante – Murmuro el oficial entre hipos.

Al menos le devolvió al comandante la presencia de ánimos. Se asomo a uno e los tanques y descubrió un verdadero puré de humanos. Había cuerpos molidos inmersos en una salsa de sangre en la que flotaban cabezas y viseras. En especial le llamo la atención ver una cabeza en donde faltaba la mitad de la cara, como si la hubieran devorado. Solo quedaba una cuenca vacía en donde había estado el ojo derecho. El salvajismo era el común denominador con el que había victimado a todas esas personas.

Algunos cuerpos estaban abiertos en canal, pero al parecer no con un arma o instrumento punzocortante. El Comandante recordaba haber visto, durante las cacerías con su padre, animales abiertos en esa forma por otros animales. No quería pensar estupideces, pero cabía la impresión de que aquellas heridas habían sido practicadas con garras.
-¿Cómo cuántos pinches cadáveres hay aquí? –preguntó.
-Yo diría que unos cincuenta, mi Comandante.
El olor de la sangre y la mierda llenaba sus fosas nasales. En otras circunstancias hasta lo disfrutaría, pero no ahí. Todo aquello tenía algo… no quería pensar en esa palabra, aunque no se le ocurría una mejor. Algo maligno. Vio una de las paredes y encontró una especie de símbolo pintado con sangre. Dentro de un círculo, un triángulo invertido, y dentro del triángulo, algo parecido a unos cuernos de carnero. Debajo del círculo, unas burdas letras, también escritas con sangre proclamaban:

SUSANA, VIRGEN MADRE.

El Comandante trató de ordenar sus pensamientos. En la Ciudad no había animales salvajes, al menos de cuatro patas, capaces de colgar humanos, ni de escribir en la pared. Así que ¿cuáles hijos de su puta madre serían tan violentos para realizar semejante atrocidad? Recordó que el hermano joto del Secretario tenía tratos con los “Marios”, una organización delictiva proveniente de Morguenia que había ido ganando terreno en el país. Los “Marios” se caracterizaban por sus crímenes bestiales y porque preferían suicidarse a que los atraparan. Qué bronca se le venía al señor Secretario si esa era la explicación. Aquello quizás no fuera sino una advertencia para el joto.
-¿Dónde está el sobreviviente?
-En la oficina, mi Comandante.
-Vamos –enfundó su revólver-. Que nadie entre hasta que yo lo ordene.
-Sí, mi Comandante.

Fue un alivio dejar un momento la escena de la masacre y pasar al área de oficinas, donde en un sillón agonizaba un hombre robusto, de unos treinta años, vestido aún con su overol de matancero. El hombre lanzaba estertores de agonía. Sus labios estaban hinchados, y una mancha de sangre se expandía por el sillón y gotas rojizas caían al piso de cemento. El Comandante comprendió que tenía poco tiempo para interrogarlo.
-¿Quiénes hicieron esto? –preguntó, en tono autoritario.
-La Virgen es María –murmuraba el matancero-. La Virgen es María…
-¿No me oíste, cabrón? Dime quién mató a tus compañeros.
-Santa María es la madre de Dios…
-¡Contéstame, pendejo! –Exclamó, dándole una bofetada-. ¿Qué no ves que te está llevando la chingada?
El matancero soltó otro estertor que pareció una risa.
-Llegó el momento de expiar nuestras culpas… el ángel ex…
Sus ojos se pusieron en blanco.
-¡Oh, chingados! –Protestó el Comandante-. ¡No te mueras todavía, pendejo!
El matancero movía los labios y un tenue sonido salía de su boca. El Comandante acercó el oído.
-El ángel exterminador… tiene patas de… carnero…
Una risotada seguida de un borbotón de sangre lo ahogó.
-¡Me lleva! – Rezongó el Comandante-. ¡El único sobreviviente, y tenía que ser un pinche loco!
-¿Qué hacemos, mi Comandante? –preguntó el judicial. Buena pregunta. Otra, sería: ¿y ahora qué? Tenía que decidir.
Para eso era el jefe.
-Llamen a los del sector –indicó-. Que vengan pero sin hacer ruido. Y que venga el huevón del forense. Tiene mucho qué hacer aquí.
-Sí, mi Comandante –respondió el judicial y salió de la oficina, cerrando la puerta tras de sí.

El Comandante se quedó en la oficina. Se levantó. Suspiró, mirando pensativo el cadáver. Qué joda, él que estaba tan a gusto con la vieja, y ahora metido en un pedo de ese tamaño. Total, que el pinche Secretario cargara con el paquete. Él cumpliría con reportarle la situación. El mundo se le iba a ir encima, a él y a su puto hermano, por andarse metiendo con las mafias a lo pendejo. No habría forma de parar el escándalo. No una masacre de ese nivel.
-Pinche Secretario –murmuró, tomando su celular y marcando su número. Esperó. En lugar del tono de llamado, escuchó un zumbido de interferencia. Miró la pantalla del aparato. Había señal y batería, pero el zumbido continuaba. Volvió a intentar, y se dio cuenta de que lo que pensaba era un zumbido, más bien parecía otra cosa. Un balido, el sonido que hacen los corderos.

Un grito lo sobresaltó. Provenía del área de matanza. Un grito de dolor prolongado, un aullido de terrible agonía, al principio ronco, luego agudo, muy agudo, seguido de un gorgoteo. El Comandante se puso en tensión y volvió a desenfundar. Se preciaba de no temerle a nada, pero su latido cardíaco se aceleró. Fue hacia la puerta. Otro quizás hubiera titubeado, pero él no. Puso la mano en el picaporte. De pronto las luces se apagaron, y él se quedó en total oscuridad. Aun así, se sentía lo suficiente hombre para no rajarse.

Antes de que abriera la puerta, ésta fue empujada hacia el interior, literalmente arrancada de sus goznes. El Comandante fue a caer hacia la pared opuesta, derribando una mesita en el trayecto. Dio de espaldas contra la pared y el golpe lo hizo soltar el revólver, que se perdió en la oscuridad.

Alguien acababa de entrar en la oficina, alguien grande y pesado a juzgar por sus pasos lentos pero firmes, de una extraña sonoridad. Aquellos pasos no parecían de zapatos o botas, sino de cascos de animal. El Comandante había escuchado sonidos parecidos en su terruño. Los pasos se detuvieron. El Comandante trataba de distinguirlo en la oscuridad, pero no podía ver nada. En cambio, sentía que el intruso sí podía observarlo.

Una respiración profunda rompía el denso silencio, y un olor a almizcle llenaba la oficina. El Comandante sabía que tenía que reaccionar. No debía esperar a ser atacado. Se incorporó con dificultad y se lanzó con todo su peso hacia delante. Sabía pelear muy bien, y no había nadie que pudiera vencerlo en el combate cuerpo a cuerpo. Impactó su cabeza contra el abdomen del intruso, pero fue como dar contra un muro de ladrillos. El golpe lo aturdió. Su oponente lo asió por los hombros y lo levantó en vilo. Ese contacto no parecía el de unas manos, sino de pezuñas. ¿Su atacante llevaba puestos guantes de hierro, o algo parecido?

El Comandante fue lanzado hacia atrás, volviendo a golpear la pared, ahora con más fuerza. Los pasos resonaron avanzando hacia él, y el intruso lo pateó en el abdomen. Las manos enguantadas, o lo que fueran, volvieron a atraparlo y lo zarandearon, aventándolo sobre el escritorio. El Comandante cayó junto con lo había en la superficie y se golpeó la cabeza en el piso.

No supo cuánto tiempo quedó inconsciente. Cuando volvió en sí, la oficina estaba apenas iluminada por las lámparas tubulares. Estaba acostado de lado, con la cabeza apoyada en el piso, viendo las patas del escritorio, y los objetos que habían quedado esparcidos. Tenía la vista borrosa y un intenso dolor de cabeza. Entre los objetos, súbitamente uno cobró movimiento y se desplazó hacia él. No pudo precisar de qué se trataba hasta que el objeto se detuvo a unos centímetros de sus ojos. Las formas y contornos se definieron y el Comandante se estremeció. Su mente se rebeló a aceptar la
existencia de esa especie de zarigüeya de pelaje hirsuto y extremidades torcidas rematadas en garras, pero sobre todo, esa cabeza, una cabeza humana, específicamente, una cabeza de niña con cabello negro dividido a la mitad y enmarcando un rostro de facciones finas y delicadas. La nariz era recta y bien delineada, los ojos azules y la boca pequeña y de labios rojo intenso. El contraste del bello rostro en el cuerpo de un animal tan repulsivo era para trastornar a cualquiera, pero el Comandante quería atribuir esa visión a su aturdimiento. O quizás aún estaba inconsciente, y soñando. Pero entonces escuchó la risita burlona que el extraño ser le dirigía mientras lo miraba fijamente a los ojos.

El Comandante se sentó en el suelo, impulsándose hacia atrás. La zarigüeya con cabeza de niña rio espasmódicamente, dio media vuelta y salió de la oficina, moviendo rápidamente las patas alopécicas y rojizas. En el camino, el ser encontró el revólver y lo tomó en sus dientes, unos dientes indudablemente humanos. Así, salió de la oficina. Su larga y rugosa cola fue lo último en desaparecer.

El Comandante estaba sudando. No podía ser cierto lo que acababa de ver, tenía que haber sido una alucinación. Pero la risita y esa mirada fija no podían abandonar su mente. Ya no podía seguir haciéndose pendejo. El no era dado a fantasear. Además, estaba el hecho de que el ser se había llevado su arma.

Tratando de ordenar sus pensamientos, intentó levantarse. No pudo. No tenía fuerzas para ponerse en pie. Tuvo que gatear, yendo cautelosamente hacia el hueco de la puerta. Se asomó. Temía que la zarigüeya lo estuviera esperando y lo atacara, pero el extraño animal se dirigía hacia el centro de la sala de matanza, al encuentro de otros seres más improbables y espantosos, bañados en la sangre de sus víctimas.

Fragmento del Grimorio de Dissaor

Himno a las Tiniebla

Yo te saludo, tiniebla ancestrales, madre del tiempo y del universo, de ti surgió la oscuridad, principio y fin de todas las cosas;
Portadora de los siete vértices en expansión constante,
Gobiernas sobre los eones, y sobre toda materia, viva o inerte.
Lo creado habita en el hueco de tu mano
Y en tus entrañas las criaturas de la noche;
Destructora de los vivos, protectora de los No-muertos:
Bienaventurado el que pone el pie en el camino de las sombras,
Pues tendrá su deleite en el sepulcro y la pesadilla.

Mis ojos reflejan la oscuridad de mi corazón
En ti esta mi refugio y mi torre fuerte;
Con mi consciencia de ensueño contemplo tus prodigios.
Venciste a las naciones luminosas en los días antiguos,
Derramaste los torrentes de tu ira
¿Cuándo morirá y perecerá tu nombre, que es sobre todo nombre?
Yo te saludo eterna tiniebla,
Desde Aradia hasta la ciudad helada celebran tu victoria;
Por ti batimos a nuestros enemigos, en tu nombre los hollamos,
En ti nos gloriamos, noche a noche,
Pues tú confundes a quienes nos odian

Nuestros oídos reciben tu silencio y tu estruendo:
Nos han nombrado la generación sublunar.
Como un abismo que llama a otro abismo,
Como el cuervo que busca la mandrágora,
Así mi alma clama y tiene sed del conocimiento oscuro
No vuelve atrás mi corazón, ni mi paso abandona tu camino,
Pues tu eres nación adoptiva del desterrado y el maldito,
Y el umbral de tu grandeza es insondable.
Yo te saludo, poderosa y melancólica tiniebla,
Porque estoy hecho a tu imagen y semejanza.

Introito y Exhortación

1. Con temor y temblor escribe quien recibe las revelaciones de las Criaturas Abismales, llamadas vampiros por los entes mortales que habitan el abrigo del día, y que no deben penetrar los misterios de estas páginas.

2. Fueron escritas para las creaturas de la noche que han mostrado sabiduría: que han escudriñado la escritura del Crepúsculo y la Oscuridad, cuyas puertas fueron cerradas para siempre; ni una sola palabra será añadida al Evangelio de los Vampiros como fue escrito.

3. Mas he aquí que, como asimismo fue dicho, en el final serán abiertas las dimensiones de refugio para las creaturas de la noche, para que se resguarden mientras la destrucción de los humanos estúpidos tendrá lugar en gran medida sobre la Tierra; y estas líneas, aunque humanas, son inspiradas por nosotros, y contienen puertas hacia nuestra dimensiones.

4. Y las señales han sido vistas y escuchadas; quien tenga oídos, que oiga los murmullos del crepúsculo y los sueños que han hablado a cada una de las creaturas que viven bajo la luz perversa que aniquila; humilladas en la cárcel sepulcro, también llamada familia; encadenados al amor y a las falsas creencias del culto infame; marginadas de la sociedad de los seres imbéciles; repudiadas una y otra vez por su entorno de podredumbre.

5. Quien tenga su mirada en lo profundo de su espíritu, que vea: las señales han comenzado a mostrarse y, por esto, los vampiros abismales no volverán a dormir; y son ellos los encargados de abrir las puertas a las dimensiones de lo terrible que habrás de cruzar ser oscuro.

6. Conoce que las Puertas se hallan en tu interior; mas ¿cómo habrás de abrirlas, si el amor y la luz las han lapidado?

7. Penetra los Misterios de este Grimorio, no por amor, sino por orden; he aquí, viene un mal, hace despertado y viene por quienes te rodean; y por ti, si no muestras sabiduría.

8. Con temor y temblor ningún humano ha contemplado visiones tan espantosas como las que aguardan en las siete Puertas que conducen a las dimensiones de refugio; donde hallarás salvación que no tendrán quienes te rodean; caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará, si has cruzado los umbrales y escudriñado las páginas del Evangelio donde cada palabra concede poder a quien está preparado para recibirlo.

9. Dissaor, Aradia y Lamec te mostraron los Misterios que aguardan en el reverso de la conciencia; has tenido tiempo de apartarte de los sentimientos y la vida en el espejismo; si así lo has hecho, pronto entrarás en el gozo de la Noche Infinita; si no es así, el tiempo es corto, y en sueños recorrerás estos espacios, si la destrucción aún no está sobre ti; mas si llama a tus puertas clamando por tu sangre, has de emprender un sendero doloroso e inevitable.

10. Por esto es revelado este Grimorio, para rescatar a aquellos que aún vagan errantes bajo la luz que aniquila, confundidos entre la humana escoria; estas palabras hanse basado en las enseñanzas de Dissaor para quien escribe, y que ahora las transmite para ti.

11. Entra en el sendero del Hierofante que se despoja de su túnica mortal y rompe con agonía las cadenas de su cuerpo; ay del que no está preparado, pues una sola de las visiones que emanarán de estas líneas cuando llegue el tiempo, te acarreará la locura destructiva, como ya ha sucedido antes, en otros eones, en Gog y Magog; imprudentes visionarios sin linaje ni preparación quisieron cruzar el Estigia en vida y sólo obtuvieron llanto y rechinar de dientes; la locura destructiva invadió sus cuerpos, y ahora que abandonaron su envoltura mortal, yacen sin dormir en los pozos sin fondo en donde hierven lágrimas de espíritus fragmentados; y una música de esferas innombrables los atormenta durante ciclos de tiempo, productos del tiempo roto en el lado oscuro.

12. Esto se te dice para que estés consciente del camino que irremediablemente habrás de emprender, en vida, sueños o muerte.

13. A diferencia del Evangelio, este Grimorio es escrito por un humano, que sin embargo ha contemplado las maravillas y los horrores de Aradia, el Lado Oscuro del Tiempo, la Noche Infinita y la Ciudad Helada de Tornarzurc; y ha conversado con Dissaor, Aradia, los No-muertos y las Criaturas de las Tinieblas; en algunas líneas ellos hablarán a través de él: te hablarán a ti; y Yo por sobre todos, el Heredero de las Tinieblas, llamado Dissaor; por tal razón este Grimorio lleva mi nombre, pues he proclamado que así sea, para cumplir el orden oscuro.

14. Vendrán nuevas de la dimensión a la que, desde el inicio, las Criaturas de las Tinieblas llamaron el Primer Abismo, del cual fueron engendrados cuantos abismos existen dentro de ti, en la dimensión en la que aún vives, y en la que le precede.

15. El Primer Abismo es la morada y cónclave de los Vampiros Abismales despertados por Dissaor; es el lugar donde conversan los No-muertos más poderosos del alto linaje, y donde acudió la Primer Generación de las Criaturas de las Tinieblas para nombrarse a sí mismos.

16. Antes de que existiera el Tiempo, el Primer Abismo se expandió, y como las ramas de un titánico árbol se propagó en el infinito espacio de los inframundos; en los pasadizos entre las que serían llamadas estrellas; y en las entrañas de las Criaturas de las Tinieblas.

17. Mirar a los ojos de uno solo de los Vampiros Abismales acarrea la muerte; por eso ellos no te mostrarán su rostro, hasta que por tu conocimiento te hayas convertido en Vampiro o No-muerto; pues los Vampiros y No-muertos se gozan en su presencia, y ante sus miradas crece su poder; para ellos, una sola mirada de los Vampiros Abismales les revela los más profundos secretos de la Oscuridad.

18. Secretos que no están a tu alcance, Criatura de la Noche; mas ya intuyes que tu vida no es sino una ilusión; y que, en lo que irónicamente tu mundo llama fantasía, hay más verdad que en el supuesto entorno real; si estuvieras en condiciones de asimilar lo que hay en las miríadas de oscuras estrellas, y en las regiones de la auténtica Noche, no estarías ya en tu mundo, prisionero dentro de un cuerpo que se desgasta, corrompe y envejece con cada latido de tu débil corazón.

19. No tengas esperanza, pues es un vano sentimiento, y fútil; mas aguarda, expectante, a la sabiduría de la que hoy intuyes sólo una partícula, y que es inconmensurable, más allá de tu entendimiento; ¡ay de ti, que aún no puedes ver estas Dimensiones como nosotros, en toda su magnitud!

20. En tal caso descubrirías que, después de cruzar las Puertas custodiadas por los Guardianes, y al otro lado de los horrores dispuestos a aniquilar a todo ser sin conocimiento que intente traspasar, al otro lado se encuentran los delicados frutos de la Oscuridad, como fue establecido en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos en penumbras que vendrán una vez que la luz se extinga para siempre.

21. Y no necesitarás la luz para ver el esplendor de las regiones en las que habitamos, pues tus ojos serán como los nuestros, que pueden verlo todo, y crearlo todo; tenemos el poder de convertirte en Vampiro y No-muerto; pero también el poder de destruirte si con imprudencia y falta de conocimiento intentas traspasar estos Umbrales y Puertas.

22. Que fueron creadas por los Vampiros Abismales por designio de Dissaor, para traer a las Criaturas de la Noche que han mostrado sabiduría; para que no sean arrastrados por el caos de la luz que ya ha comenzado en tu mundo.

23. Agua y alimento no habrá; por eso comienza a buscar el agua y el alimento de la sabiduría, pues ella te hará vivir durante eones.

24. Dolor y muerte se extenderán; por eso, que tu obscuro interior haga surgir la crisálida del ser alado que aún ignoras que existe dentro de ti, y que rompiendo tu cuerpo astral se elevará hacia la profundidad de los abismos; y sea asimilado el misterio del Abismo en lo Alto, y el cielo en lo bajo; y tras el dolor y la muerte, será el placer lo único que regirá tu No-existencia en nuestras dimensiones.

25. Cuando el mundo al que llamas Tierra quede en llamas, ruinas y desolación, del Abismo vendrá la Noche Infinita a establecerse, y Nosotros con ella, y tú con Nosotros, no por amor, sino por orden; pues así fue escrito antes del Tiempo; lo hemos visto y así será; los eones del reinado oscuro están próximos; anhelamos la destrucción de la perversa humanidad y sus execrables artificios que la ensoberbecen; ignoran que en verdad son polvo, y al polvo habrán de volver; y tú, Criatura de la Noche, verás que quienes te marginaban no eran sino polvo, que tú dispersarás en el viento del crepúsculo.

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